Los petroglifos de Pusharo

Exploración del Sector IV

En agosto del 2006, después de varios días y varias noches de estudio en los tres sectores de petroglifos, nos queda por emprender la exploración de la zona del Sector IV, la de los geoglifos. Pero ésta ¡aparece excepcionalmente extensa!


Dentro de un geoglifo, Thierry Jamin se orienta. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)
Dentro de un geoglifo, Thierry Jamin se orienta. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)

Había previsto examinar un solo geoglifo y retirar las zanjas que lo constituyen. Pero no esperaba descubrir varias figuras gigantes. ¡Es ahí un descubrimiento casi revolucionario! En efecto, no se ha indicado nunca, hasta ahora, la existencia de figuras semejantes en la selva amazónica. Son las primeras contabilizadas.

Equipados de palas y picos, dejamos una mañana nuestro campo base y tomamos la dirección de un pequeño cerro situado frente a los petroglifos, al pie de la montaña principal. Se encuentran dos de los tres geoglifos antropomórficos. Quiero retirarlos de su vegetación para presentarlos en todo su esplendor y en toda su claridad, como los mismos Incas habían podido observarlos en la época del Tawantinsuyu.

Subimos el río Palotoa por unos centenares de metros. Su curso ha disminuido mucho, felizmente, estos últimos días, debido a la ausencia de lluvias y al regreso relativo del buen tiempo. Llegamos poco después al pie de la pequeña montaña de los geoglifos. Está alfombrada con una vegetación exuberante. Emprendemos su ascensión. Ésta es bastante fácil ya que la inclinación de la vertiente es relativamente débil: alrededor de 45°. Después de caminar varias horas entre los mangles, los cedros de montaña y los bejucos omnipresentes, notamos la presencia de extraños "canales", o "sendas", cuya vegetación, a causa de su tamaño considerable, abraza los contornos.

Estamos al nivel de la cara más baja. En una enorme superficie, cubierta de vegetación, observamos claramente una red de "zanjas" de los que algunos se adaptan a extraños contornos y dibujan sorprendentes "curvas". No parecen naturales.

Liberar estos glifos de su ganga tropical resulta en seguida imposible. Es un trabajo hercúleo. Se necesitaría un ejército de obreros y semanas de trabajo para acabar con la selva y devolver a estas figuras gigantes su estado original. Eso supone también eliminar una vegetación importante en esta zona reservada del Parque Nacional del Manú, de ecosistema rico, pero frágil. Por otro lado, es poco probable que el SERNANP acepte la destrucción de tal masa de vegetación.

En el Sector IV, Hermogenes Figueroa Lucana escudriña el horizonte en busca de otro geoglifos. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)
En el Sector IV, Hermogenes Figueroa Lucana escudriña el horizonte en busca de otro geoglifos. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)

Dejamos el nivel de primer rostro y tomamos la dirección del segundo, cuyos rasgos siguen siendo más visibles. Debemos, para eso, bordear la cresta de esta pequeña montaña hasta una zona de roca blanca que habíamos localizado desde el campo base. Esta roca sin vegetación señalaba la base del segundo geoglifo. Seguidamente nos encontramos en nuevas zanjas. Anchas de 1,50 m a 2 m y profundas de unos 3 m, tienen una forma en "U" y están aún bien visibles. Caminamos algún tiempo por dentro de una de ellas. Nuestra posición UTM es entonces la siguiente: N 8’607.246,70, E 230.119,37 y nuestra altitud es entonces de 834 metros sobre el nivel del mar.

No encontramos ningún material arqueológico durante nuestra exploración de estos dos geoglifos. Habría que hacer investigaciones más avanzadas para eso. Pero podemos constatar, sin embargo, la realidad material de estas figuras gigantes. La exploración del geoglifo más grande, a algunos cientos de metros de allí, exigirá por su parte mucho más tiempo, ya que cubre una superficie mucho más extensa.

Hace varios siglos, hombres cavaron la montaña para trazar estas inmensas figuras. En el sitio, resulta imposible imaginar su existencia. Las zanjas parecen haber sido cavadas por la erosión natural del suelo. Pero con un determinado retroceso, sin embargo, estas últimas cobran forma. Pasa exactamente lo mismo que para las famosas "líneas" de Nasca, descubiertas en la costa sur del Perú, al final de los años 20, gracias al invento de la aeronáutica. Se pensaba en aquel entonces que se trataba de unas zanjas cavadas por el viento.

1 : Nivel original de los geoglifos, grabados por los Incas en la roca dura de la montaña - 2 : Las materias en descomposición han ido tapando los geoglifos, abandonados después de la conquista española - 3 : Nivel actual de los geoglifos. La naturaleza recobra poco a poco sus derechos. - © Thierry Jamin, 2007
1 : Nivel original de los geoglifos, grabados por los Incas en la roca dura de la montaña - 2 : Las materias en descomposición han ido tapando los geoglifos, abandonados después de la conquista española - 3 : Nivel actual de los geoglifos. La naturaleza recobra poco a poco sus derechos. - © Thierry Jamin, 2007

Para ver los dibujos de Nasca, había que verlos desde arriba. Resulta lo mismo para los geoglifos de Pusharo. No se pueden ver sino de lejos. De todos modos, a nuestro modo de ver, era su función: ser divisados de lejos, como "balizas", para guiar a los viajeros hasta los petroglifos. Sus diferentes orientaciones hacían que, a medida que uno se acercaba al sitio, tenía siempre una cara en vista para ser orientado hasta el destino. Todo eso se había calculado a la precisión. Nada se debe a la casualidad.

Me doy cuenta cada día del alcance excepcional de los descubrimientos que acabamos de lograr durante esta campaña 2006. Es preciso ahora hacerlos conocer para desencadenar importantes labores de investigación y permitir, en un futuro inmediato, la liberación -al menos parcial!– de las figuras gigantes. Es toda la configuración incluso del sitio de Pusharo que aparece en adelante trastornada.

Lo más grande de los tres geoglifos descubiertos en 2006 es visible a siete kilómetros de distancia, desde el punto de confluencia de los ríos Palotoa y Sinkebenia, no lejos del establecimiento nativo de Abaroa. © Google Earth – DMapas, 2009
Lo más grande de los tres geoglifos descubiertos en 2006 es visible a siete kilómetros de distancia, desde el punto de confluencia de los ríos Palotoa y Sinkebenia, no lejos del establecimiento nativo de Abaroa. © Google Earth – DMapas, 2009

Algunas semanas después, de regreso a Cusco, luego de un examen posterior de fotos aéreas en blanco y negro, tomadas por el ejército aéreo del Perú en 1985 para las necesidades de la cartografía nacional, ¡cuál no fue mi sorpresa al constatar que el más grande de los geoglifos aparece ahí muy claramente!

 

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