Los petroglifos de Pusharo

Descubrimiento del Sector IV

Con el descubrimiento en el 2006 de los petroglifos del Sector I-B, la de los geoglifos parece todavía más espectacular. Si el asunto es desde luego increíble, no es por eso menos serio y más verdadero. Hemos esperado hasta septiembre del 2006 para oficializar su existencia ante el Instituto Nacional de Cultura de Cusco y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas de Lima. El descubrimiento del primero de ellos, en el Sector IV, se remonta al 2001, pero teníamos que estar seguros de su realidad, comprobando en el terreno su presencia, antes de hacerlo público.


Localización de la zona de los geoglifos y de la zona de los petroglifos de Pusharo.  Existen sin duda todavía otras zonas cubiertas de figuras gigantes en la región del Manú. © F.A.P. – 1985
Localización de la zona de los geoglifos y de la zona de los petroglifos de Pusharo. Existen sin duda todavía otras zonas cubiertas de figuras gigantes en la región del Manú. © F.A.P. – 1985

En septiembre del 2001, mientras dejábamos el sitio de Pusharo y volvíamos a bajar el río Palotoa, Herbert Cartagena, con quien realicé numerosas expediciones, hizo una observación ¡trastornadora! Era justo el mediodía, bajo un calor aplastante, cuando me pidió prestados mis prismáticos para observar una montaña, en dirección de los petroglifos. ¿Qué había divisado? Me invitó poco después a observar a mi vez.

Ante nuestras miradas estupefactas, una inmensa cara antropomórfica aparecía en una montaña, situada a varios kilómetros de allí, cerca de los petroglifos, no lejos de la vertiente sur del pongo de Meganto. Estábamos entonces en el punto de confluencia entre el río Palotoa y su pequeño afluente, el río Sinkebenia. Cerca de allí se encuentra el pequeño establecimiento machiguenga de Abaroa.

El primero geoglifo descubierto en agosto de 2001 por Herbert Cartagena y Thierry Jamin al final de un estudio cerca del sitio de Pusharo. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)
El primero geoglifo descubierto en agosto de 2001 por Herbert Cartagena y Thierry Jamin al final de un estudio cerca del sitio de Pusharo. (Foto: Thierry Jamin, agosto de 2006)

Esta cara recordaba extrañadamente algunas de las figuras de la pared del Sector I-A. ¡Era incluso, por decirlo así, la réplica exacta de una de las principales caras de esta famosa pared! No podía pues ser un capricho de la naturaleza. Divisábamos muy claramente la forma superior de su rostro, con forma de corazón, como en los petroglifos. Podíamos también observar sus dos grandes ojos y su nariz, mientras que su boca aparecía menos claramente. Tapados por la selva, unos materiales naturales, como rocas, tierra o vegetales muertos, seguramente poco a poco habían bloqueado esta parte de la obra, con el paso del tiempo.

El conjunto cubría supuestamente varios cientos de metros cuadrados, mientras que la envergadura de la cara era quizá de doscientos metros, ¡o hasta más!

¿Pero una figura tan gigantesca era realmente posible en plena selva amazónica? Ante nuestras dudas legítimas, parecía indispensable volver al lugar, con motivo de una futura campaña, con el fin de confirmar o no la existencia de tal obra, en plena selva tropical. Esperaré más de tres años para volver allí.

Así pues, en un estudio posterior realizado en Pusharo en junio del 2005, pudimos confirmar que esta extraña cara no debía nada a la madre naturaleza y que había sido hecha, aunque parezca imposible, por la mano del hombre. La figura es como "grabada" en la montaña. Es un verdadero geoglifo ¡cuya envergadura debe alcanzar los 200 m por lo menos!

En medio de un geoglifo, Thierry Jamin muestra una de las zanjas que dibujan  la inmensa cara. (Foto : Thierry Jamin, agosto de 2006)
En medio de un geoglifo, Thierry Jamin muestra una de las zanjas que dibujan la inmensa cara. (Foto : Thierry Jamin, agosto de 2006)

La zona de la montaña que le sirve de soporte parece haber sido preparada para acogerlo. Puede que haya sido nivelada. Cubierta de selva, es una superficie relativamente plana de cerca de 45°, que constituye la vertiente este de un pequeño plegamiento, cuya forma general recuerda un poco los grados de una pirámide amerindia. Se asemeja a una rampa.

Por otro lado, este extraño rostro está visible a partir de los siete kilómetros que preceden los petroglifos de Pusharo, más abajo del Palotoa. Si llegamos a la pared principal, éste desaparece después rápidamente por el propio hecho de su gigantismo, ahogado en el verdor. Es entonces difícil darse cuenta de su presencia. Y eso que se sitúa frente a los petroglifos, a algunos centenares de metros de intervalo, cerca del pongo de Meganto.

Existen en el Perú otras obras comparables, dibujadas a gran escala por los Incas o sus antecesores: se encuentran sitios más o menos similares en Q’enqo, en Ollantaytambo o en Markawasi. El de Pusharo, no obstante, queda sin equivalente por su localización y, como lo veremos más lejos, por la interpretación que le conferimos. En el caso de Q'enqo, la sombra de una roca, proyectada al suelo en el solsticio de invierno (21 de junio), toma cada día a hora fija los rasgos curiosos de un pumaSe trata de la "huaca del puma" de Q’enqo. Leer al respecto la obra de James Arévalo Merejildo, "El Despertar del Puma. Camino Iniciatico. Evidencias astronómicas en los Andes"" title="Se trata de la "huaca del puma" de Q’enqo. Leer al respecto la obra de James Arévalo Merejildo, "El Despertar del Puma. Camino Iniciatico. Evidencias astronómicas en los Andes", ¡antes de transformarse, en el solsticio de invierno, en cabeza de Inca ! Un fenómeno similar existe igualmente en Machu Picchu, cerca del Intiwatana. En los dos casos restantes, la montaña "fue retocada" para darle el perfil de un hombre, puede que un emperador. La técnica de realización del rostro de Pusharo se acerca mejor dicho más a los inmensos geoglifos realizados desde la costa sur del Perú hasta el norte de Chile.

 

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